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Antes de la tormenta

Algunos días, la tráquea atragantada intenta acallar las voces que claman un minuto de silencio. Pero no os preocupéis, que ya se acerca la tempestad de tempestades, el lugar donde no habrá electricidad ni mensajes instantáneos. A donde van los sabios cuando necesitan respirar. Aún queda la batalla más cruda, el invierno más colérico. Así que detén los motores, mira alrededor y coge aire: estamos en la recta final del camino. Los caballos desbocados también tienen derecho a pararse a descansar.

E.

Some days, the choked trachea tries to silence the voices that claim a minute of silence. But don’t worry, the tempest of tempests is coming, the place where there will be no electricity neither instant messages. Where the wise men go when they need to breathe. It’s not long till the harshest battle, till the most enraged winter. So stop the engines, look around and take a deep breath: we’ve entered the home stretch of the way. The runaway horses also have the right to take a break.

E.

Diseño de canción:
Alonso Trenado
http://alonsotrenado.blogspot.com/

Una entrevista de Alonso Trenado

http://www.alonsotrenado.com/

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Tenía que pasar… y pasó. Fue durante nuestro último concierto en Madrid. Supongo que algunos lo recordaréis. Era un momento delicado; Elia y yo íbamos a tocar solos Chanson d’Hiver. Rasgué las cuerdas con decisión y aquello no funcionaba. Si ya de por sí hacía calor, la temperatura corporal empezó a dispararse.

Cosas que pasan.

Jose subió de un salto al escenario e intentó manipular el cable, el jack de entrada, el previo externo (ese que siempre dejo en el suelo, junto al afinador), pero la pastilla que se esconde debajo del puente (en la foto) se apagó para siempre. Los misterios de la piezoelectricidad, ay.

Por suerte, durante la grabación del disco ni me he acordado; no he necesitado enchufarme. Pero a la vuelta, claro está, tuve que dejarla en manos del luthier al que se la compré. Sí, doy la razón a todos los que me han aconsejado (con Pablo Oliva, a la cabeza) que me ahorre disgustos y tenga el previo incrustado en el aro de la guitarra. Y así ha sido.

La cierto es que ahora respeta su sonido natural y ya no volverá, espero, a dar problemas. La única queja es ver que mi guitarra acústica (bueno, electroacústica) ya está mutilada y con el cajetín atornillado y sellado de por vida, con un diminuto micrófono de condensador en sus tripas.

Ya no hay marcha atrás.

Espero, eso sí, que en este caso se cumpla el silogismo maquiavélico y el fin (tener el mejor sonido posible) justifique los medios (la sufrida amputación).

No descubro nada a nadie; hace tiempo que se tiró la primera ficha de este gran dominó de la era digital. ¿Lo siguiente será pasarme al libro electrónico? Quién sabe.  Sea como sea, y tomando prestado el término del amigo Philip K. Dick, aquí os presento a mi nuevo replicante.

Pablo

¿Y ahora qué?

Parece mentira, pero ya estamos de vuelta. Esta noche toca, por fin, dormir en casa del tirón. Han sido muchos días de madrugones, horas de grabación y escuchas, momentos de tensión y distensión, bloqueos y desbloqueos… Es increíble lo caprichoso que puede llegar a ser el oído. La escucha de una mañana era horrible y, por la tarde, sonreías con la satisfacción de haber hecho algo grande. Qué locura. Al final, tienen razón: un disco no se termina, se abandona. ¿Fue Miles Davis quien dijo eso? No me acuerdo ahora. Lo único que sé es que ayer había que dar el visto bueno a la última mezcla y ya no había marcha atrás.

Es extraño. Antes de que el proyecto cobre vida, tienes que darlo por muerto. Y las preguntas, claro. ¿Estarán todos contentos con la mezcla? ¿Le gustará a la gente? ¿Se entenderá bien el concepto del disco? ¿Y las letras? Por no hablar, claro está, del formato. ¿Cómo lo sacaremos? ¿Dónde? ¿Cuándo?

Supongo que ahora vendrán los días de cuestionarse todas estas cosas e ir perfilando un plan lógico y, sobre todo, coherente. Pero esta noche, no. Esta noche quiero descansar y saber que, pase lo que pase, puedo dormir tranquilo; hemos cumplido con nuestro objetivo.

Ha sido una experiencia irrepetible. Y muy intensa, en todos los sentidos. Nos ha servido para darnos cuenta de que no estamos solos; hemos funcionado como un equipo y, sobre todo, hemos aprendido muchísimo los unos de los otros. Hemos vuelto a casa y ya no somos los mismos.  Hay recuerdos compartidos, momentos únicos y conversaciones nuestras que hacen que me sienta un poco más maduro. Durante estos días, las agujas del reloj se han deslizado por el minutero a otro ritmo. Todo ha salido según lo previsto y, si a alguien se lo tengo que agradecer (la lista es bastante larga), creo que la persona que tiene que llevarse el protagonismo ahora mismo es José Caballero.

Recuerdo cuando fuimos a probar el estudio, allá por noviembre. Grabamos Queen of Clubs y Jose, quien, por aquel entonces, para nosotros solo era  el encargado de los estudios Neo Box, nos contagió su emoción por lo que estaba escuchando. Desde el primer momento, él ha creído en nosotros y ha dedicado su tiempo y su esfuerzo a conseguir que el sonido fuese lo más fiel posible a lo que teníamos en nuestras cabezas. Y no ha sido fácil: a veces, para encontrar el sonido de un instumento le reproducía verbalmente la imagen mental de la canción, mientras él busca la respuesta técnica a mis peticiones abstractas.

Sin su paciencia de libro, su velocidad de trabajo, su humor oportuno, sus comentarios atentos o sus aportaciones finales, quizá no estaríamos ahora mismo con la mezcla final en nuestras manos. Y él sabe de lo que habla, porque ha estado en el otro lado. Ha grabado discos, ha hecho giras internacionales, ha tocado la batería ante miles de personas y nos ha enseñado que, más allá de estilos o actitudes, lo importante en la música es precisamente eso: la música. Y todo cobra más sentido cuando te lo dice un padre orgulloso de su hija que, entre descanso y descanso, planea recorrerse la Ruta 66 montado en una Harley-Davidson. Claro que sí.

Pablo

Una de esas fuentes a las que lanzas monedas y dicen que se cumplen deseos

Hoy nos cuenta la película alguien “desde el otro lado”. Visita del primer fin de semana y periodista incansable, nuestra invitada de hoy en el blog es la gran Belén Kayser.

Belén Kayer

Me presento como amiga y fan. Qué vergüenza reconocer que lo soy y qué gratificante al mismo tiempo. Pablo me ha pedido que les dedique un rato para contar cómo fue visitarles allí, en Aranda, donde me contaron, a lo largo de un fin de semana, cómo iba la primera parte de la grabación. Y fue especial; no sé si por compartir con ellos el experimento, por la compañía, por las canciones o por los planos, o por compartir con ellos una ciudad con relojes en las fachadas, piedras policromadas y no-casas. Supongo que por verles construir, crear, soñar en tiempo real.

Me despedí de Pablo, Elia y Jose dos veces el domingo. Fue divertido porque parecía que después de un finde escuchándoles hablar del proyecto, descansando, tomando vinos y planeando historias, no podíamos salir del pueblo. Lejos de imanes fanáticos, la culpa sólo la tuvo la caravana del domingo (¿alguien sabe si Pablo Oliva se libró?). El sábado a mediodía les vi llegar gota a gota. No irradiaban sólo felicidad; eso se llama pasión.

Ya me habían advertido que les daban ataques de risa sin motivo. No fue menor la risa al vernos. Pasión. Ya lo he dicho. Se han enamorado del proyecto que les ha traído a Aranda a grabar su primer LP. De ahí la risa floja. No digo que esté siendo fácil, leo entre líneas las dificultades y me los imagino sufriendo por dentro. Que no tiene que ser fácil lo de ponerse delante de un micrófono y que todo salga redondo (siempre). Pero les vi entusiasmados. Y lo contagian. Después de estas tres semanas, al disparadero. Ganas y miedo.

A veces me pregunto si conocer a quien hace la música, intuir vivencias detrás o que lo que hacen esté trenzado con la literatura hace que me acerque a Medelia y me sienta de lleno parte de lo que hacen. No soy músico. Pero sé escucharla. Yo no tenía más que un reportaje por hacer hace dos eneros y una antigua amistad con Elia.  Fui a verles ensayar el día que montaron “Take me down” (que luego saldría en una de las promos de House en Cuatro) y desde aquella tarde me enganché a la banda.

Creo que sólo pueden pasarles cosas buenas y cuando les veo flaquear me entra cierto pánico a mí también. Luego pienso en las bandas que consiguieron llegar a más gente al tercer disco y respiro. Creo que en algún momento, cuando hablábamos de contar la historia desde el otro lado, en imágenes o con texto (quizá viendo atardecer con Elia en la piscina), pensé lanzar todas las emociones al río por el que pasan cada día para ir al estudio. Cortarlas por la línea de puntos, y hacer del río una de esas fuentes a las que lanzas monedas y dicen que se cumplen deseos.

Una tregua a los oídos

Escribo desde la cocina; el resto duerme en la ristra de camas puestas en fila india. Mañana se cumple una semana y la bodega cierra, así que toca descansar. Y más aún después de nuestro primer homenaje por estas tierras: dejamos las hamburguesas y los refrescos de ayer por el lechazo y el Ribera del Duero de rigor.

Antes de cerrar la puerta, la sensación es la de un padre orgulloso de sus hijos. Ya, ya sé que luego se reirán de mí por haber escrito esto, pero es la verdad. Así es como lo siento y más ahora que se cierra el primer círculo: el lunes entramos en la segunda fase, casi más delicada que la primera: llega el turno de las voces.

Hemos grabado mucho más de lo que pensábamos. Por un lado, un par de armónicas y, por fin, la melódica y el metalófono de Elia. Qué ganas de verla desde la ventana de control, ay.  Después, todos los teclados y guitarras del Mítico que, más allá de la broma sobre su perfección absoluta, puedo asegurar que sus ejecuciones –con rítmica de acordeón incorporada-  han sido de libro. Jose, el salvador de estructuras de última hora, se ha arrancado también con una pista secreta y la percusión menor. Por no hablar, claro está, del momentazo, con postura de loto incluida, intentando sacarle sonido a un curioso instrumento que pululaba por el estudio y que tendrá su merecida entrada en el blog cuando sea conveniente.

Concluyendo: tengo en mis manos un cedé con la primera mezcla de la que, probablemente, sea una de las primeras canciones del disco. Faltan las voces, pero la canción ya tiene su propio latido. En el estudio suena como un cañón –el sonido de la caja de Luis no tiene nombre-. Esta tarde habrá que hacer las escuchas de rutina: en el coche de Jose, en el portátil de Elia y con mis cascos en el reproductor de música.

Una de las bombillas de la casa parpadea asincopada con el picoteo del teclado. Paro. Ahora el silencio lo envuelve todo. Sé que me costará, pero esta noche habrá que cerrar los ojos y darle una tregua a los oídos.

Pablo