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Antes de la tormenta

Algunos días, la tráquea atragantada intenta acallar las voces que claman un minuto de silencio. Pero no os preocupéis, que ya se acerca la tempestad de tempestades, el lugar donde no habrá electricidad ni mensajes instantáneos. A donde van los sabios cuando necesitan respirar. Aún queda la batalla más cruda, el invierno más colérico. Así que detén los motores, mira alrededor y coge aire: estamos en la recta final del camino. Los caballos desbocados también tienen derecho a pararse a descansar.

E.

Some days, the choked trachea tries to silence the voices that claim a minute of silence. But don’t worry, the tempest of tempests is coming, the place where there will be no electricity neither instant messages. Where the wise men go when they need to breathe. It’s not long till the harshest battle, till the most enraged winter. So stop the engines, look around and take a deep breath: we’ve entered the home stretch of the way. The runaway horses also have the right to take a break.

E.

Diseño de canción:
Alonso Trenado
http://alonsotrenado.blogspot.com/

Una entrevista de Alonso Trenado

http://www.alonsotrenado.com/

Non-Places (Road to Yoknapatawpha)

Nunca me había planteado grabar un disco. Hoy en día, para muchos (demasiados) la música son canciones. Es una cuestión de falta de tiempo, o así lo veo yo. Ocurre lo mismo con la poesía. Lees un poema suelto, te gusta, puedes entender lo que el autor quiere transmitir – o creer que lo entiendes, aunque eso es harina de otro costal -, pero no hay nada comparable a introducirte en el universo semántico-sensorial del poeta (aplíquese a la novela de igual forma si se quiere), entender de principio a fin qué recorrido sigue la palabra desde la primera a la última página. En mi caso, sí que me he planteado escribir un libro, de ahí la comparación; y la concepción de un disco me parece muy cercana a la del producto literario. Porque lo es, claro.

Lo importante a la hora de concebir un disco es decidir qué canciones vas a grabar: qué vas a contar. Luego puedes ir deshojándolas una por una, arreglarlas, cambiarlas, pelearte con ellas… En fin, lo que quieras. Pero la sensación de saber que las piezas encajan, que entre todas cuentan algo más allá, una historia que puede que únicamente entiendas tú (en nuestro caso, nosotros), eso te hace sentir que flotas un poquito. La idea de todo esto fue de Pablo, pero ahora yo también la he hecho mía. Y me gusta contarlo a mi manera, medio críptica, medio secreta. Ya llegará el momento de contarlo con más detalle.

Non-places es un viaje. Al fin y al cabo, todas las historias son de un modo u otro un viaje, una transición, ¿no? Pues eso. En resumidas cuentas, el disco relata cómo podemos provenir de un lugar tranquilo y aburrido en mitad, digamos, del campo, trasladarnos a lo urbano en busca de movimiento y querer volver a la paz de ninguna parte, en un lugar-no-lugar.

Quien dice un lugar, dice una época (y pienso aquí en los días interminables de verano en el que nadie me llamaba al móvil mientras pedaleaba con la bici por el parque a cuarenta grados. ¿Por qué? Porque no había móviles. Podía no haber vuelto a mi casa nunca y nadie me habría localizado por GPS. Así eran las cosas. Hasta podías despellejarte las rodillas y no pasaba nada). Bueno, a lo que iba. De ese lugar, o esa edad, o como cada uno quiera llamarlo, nos cansamos. Nos cansamos y decidimos hacernos los valientes: explorar la gran ciudad, la vida de mercadillo, las luces de neón. La soledad abarrotada, que dice la canción que da título al disco.

Y con la llegada a la ciudad, o al ritmo de las muchísimas cosas que hacer – las responsabilidades, limpia el baño, haz la compra, la declaración de la renta y no te olvides de llamar al trabajo para decir que necesitas salir diez minutos antes hoy- , llega esa sensación de ahogo que a todos nos ha visitado alguna vez. Y de nuevo comienza el retorno, la huida hacia el origen, la vuelta a la tranquilidad de la que renegábamos. Durante ese otro viaje, que es el complicado, nos encontramos con distintos personajes, como en todo periplo literario o cinematográfico que se precie. Esos personajes son clave en la búsqueda de la calma y la armonía, son agentes colaboradores en la progresión geométrica de nuestras vidas, que nos ayudan en uno momento u otro, nos indican el camino a seguir o nos dan la energía necesaria para reemprenderlo con rabia o con esperanza.

Nos encontramos, cómo no, con dificultades. Es difícil escapar de algo cuando ya lo has conocido. Al final, llega la catarsis. Todo explota justo antes de que termine la película. Una tormenta de nieve nos arrastra por fin adonde no hemos sabido llegar caminando. Y al final:

Elia

3, 2, 1…

Después de varios días bastante duros, quejándonos de todo, viendo defectos por todas partes y, en conclusión, siendo exigentes, muy exigentes (porque así somos nosotros), anoche lloré escuchando la mezcla casi definitiva.

Y ya.

E.

After some rough days during which we have complained about everything, seen flaws everywhere and been demanding, really demanding (because that’s the way we are), last night I cried while listening to the almost final mix.

And that’s it.

E.

Una de esas fuentes a las que lanzas monedas y dicen que se cumplen deseos

Hoy nos cuenta la película alguien “desde el otro lado”. Visita del primer fin de semana y periodista incansable, nuestra invitada de hoy en el blog es la gran Belén Kayser.

Belén Kayer

Me presento como amiga y fan. Qué vergüenza reconocer que lo soy y qué gratificante al mismo tiempo. Pablo me ha pedido que les dedique un rato para contar cómo fue visitarles allí, en Aranda, donde me contaron, a lo largo de un fin de semana, cómo iba la primera parte de la grabación. Y fue especial; no sé si por compartir con ellos el experimento, por la compañía, por las canciones o por los planos, o por compartir con ellos una ciudad con relojes en las fachadas, piedras policromadas y no-casas. Supongo que por verles construir, crear, soñar en tiempo real.

Me despedí de Pablo, Elia y Jose dos veces el domingo. Fue divertido porque parecía que después de un finde escuchándoles hablar del proyecto, descansando, tomando vinos y planeando historias, no podíamos salir del pueblo. Lejos de imanes fanáticos, la culpa sólo la tuvo la caravana del domingo (¿alguien sabe si Pablo Oliva se libró?). El sábado a mediodía les vi llegar gota a gota. No irradiaban sólo felicidad; eso se llama pasión.

Ya me habían advertido que les daban ataques de risa sin motivo. No fue menor la risa al vernos. Pasión. Ya lo he dicho. Se han enamorado del proyecto que les ha traído a Aranda a grabar su primer LP. De ahí la risa floja. No digo que esté siendo fácil, leo entre líneas las dificultades y me los imagino sufriendo por dentro. Que no tiene que ser fácil lo de ponerse delante de un micrófono y que todo salga redondo (siempre). Pero les vi entusiasmados. Y lo contagian. Después de estas tres semanas, al disparadero. Ganas y miedo.

A veces me pregunto si conocer a quien hace la música, intuir vivencias detrás o que lo que hacen esté trenzado con la literatura hace que me acerque a Medelia y me sienta de lleno parte de lo que hacen. No soy músico. Pero sé escucharla. Yo no tenía más que un reportaje por hacer hace dos eneros y una antigua amistad con Elia.  Fui a verles ensayar el día que montaron “Take me down” (que luego saldría en una de las promos de House en Cuatro) y desde aquella tarde me enganché a la banda.

Creo que sólo pueden pasarles cosas buenas y cuando les veo flaquear me entra cierto pánico a mí también. Luego pienso en las bandas que consiguieron llegar a más gente al tercer disco y respiro. Creo que en algún momento, cuando hablábamos de contar la historia desde el otro lado, en imágenes o con texto (quizá viendo atardecer con Elia en la piscina), pensé lanzar todas las emociones al río por el que pasan cada día para ir al estudio. Cortarlas por la línea de puntos, y hacer del río una de esas fuentes a las que lanzas monedas y dicen que se cumplen deseos.

Precipicios

Hay días en los que un micrófono puede parecer un precipicio.

Y de verdad que cuando cierro los ojos y empiezo a sacarme la canción del estómago, siento que voy a perder pie y me voy a despeñar por un barranco. Y sé que a Pablo le pasa algo parecido. Llevamos desde el lunes grabando voces en tomas alternas, y a veces juntos. Es difícil describir los momentos que hemos vivido en el estudio. Hemos bailado, nos hemos reído, hemos discutido y nos hemos emocionado tanto a un lado como al otro del cristal.

Las canciones, al menos las nuestras, necesitan que alguien las cante y las cuente, las sienta y las grite. Si no, no “son”.

El primer día empezamos con ganas, y grabamos lo más potente del tirón. Ayer en cambio fue un día de transición, además de un día agotador, de esos en los que te duele la barriga y la cabeza y todo se te hace un mundo. Y, aun así, sé que hubo cosas que cantamos mejor que nunca. Cada canción te pide un estado de ánimo, y el de ayer también era necesario. Hoy va todo bien. Muy bien.

Seguimos adelante y con muy buen ritmo, y de repente se ha puesto a hacer frío (es lo que tiene el verano castellano), así que esta tarde vamos a grabar Snowfall y con eso daremos por terminadas las voces del disco.

Las canciones ya empiezan a “ser”, y el precipicio sigue en su sitio.

Elia

Some days a microphone can look like a cliff.

I’m positive when I say that when I close my eyes and start to bring out the song from the stomach, I feel I’m about to lose my footing and fall over the cliff. And I know that Pablo feels something alike. We’ve been recording vocals in alternate -and sometimes joint- takes since last Monday. It’s hard to describe the moments we’ve lived inside the studio. We’ve danced, laughed, argued and got moved from both sides of the window.

Songs – or at least our songs – need to be sung and told, felt and yelled. Otherwise, they are ‘not’.

We had an eager start the first day, and we recorded the most powerful tracks in one go. Yesterday though was a transition day, and also an exhausting one… One of those days you have a headache, a stomachache and you let everything get blown up out of all proportion.  Even though, I know that we sang some stuff better than ever.  Each song needs a different mood, and yesterday’s was necessary too. Today everything’s going good. Really good.

We’re going ahead at good pace, and it has got suddenly cold (that’s summer in Castilla), so we’re going to record Snowfall this afternoon. Then we’ll have finished up the vocals.

The songs are starting to ‘be’. And the cliff is still in its place.

Elia