La próxima guerra mundial

La próxima guerra mundial empezará un domingo por la mañana. Explotarán las granadas en cada pantalla, en cada página, en cada pestaña que caiga leve atronando las mejillas. La ciudad se abrirá en dos para recoger nuestros restos, y entonces, solo entonces, correremos a refugiarnos en los sótanos y en los búnkeres. En el fondo de los océanos. Correrremos despavoridos con el corazón apretado en el puño, con todas las cosas insustanciales que hayamos hecho en la vida pisándonos los talones. Ya lo dijo Einstein, la próxima guerra mundial será la última que verá el mundo tal y como lo conocemos. Será mejor que vayamos guardando los palos y las piedras debajo del colchón.

E.

The next world war will start on a Sunday morning. Grenades will go off in every screen, in every page, in every eyelash thundering gently down our cheeks. The city will rip open and then –only then– we will run down to the basements and bunkers. To the bottom of the oceans. We will run like crazy, our hearts squeezed in our fists, with all the insubstantial things we have done in life chasing us. As Einstein said, the next world war will be the last the world we know will witness. We better start collecting stone clubs and storing them under the mattress.

E.

The Breach, by Adrián López

Diseño de canción:
Adrián López
Diseñador gráfico, pinchadiscos, organizador de eventos culturales, guionista, realizador… polifacético en general y amante de la música, el cine y el cómic en particular.

El azaroso vuelo hipermoderno

El método es sencillo: acepta el caos, confunde las identidades y pedalea embrujado hacia sus tripas. Pacta la locura del baile de caretas, la superchería religiosa, la comida basura, la ludopatía o el culto al cuerpo. Despégate del asfalto, memoriza sus instrucciones y asume el sinsentido de la propiedad. Lanza la moneda al aire y que gire, contaminada, en busca de su azar. Te atrapa. Me atrapa. Como piezas de un descomunal puzle incompleto. Pronto encontraremos una salida digna, lejos de la absurdez de estos tiempos de incertidumbre hipermoderna.

P.

The method is quite simple: accept the chaos, confuse the identities and, under a spell, ride into its guts. Agree the insanity of the dancing masks, religious mumbo jumbo, junk food, compulsive gambling, and body worship. Come unstuck from the tarmac, learn the instructions by heart and accept the nonsense of property. Flip the coin and let it spin, contaminated, searching its own chance. It traps you. It traps me. Like pieces of a huge and incomplete puzzle. We will find a decent way out soon, far from the absurdity of these times of hypermodern uncertanty.

P.

Diseño de Canción:
Marcos Almendros
Hace cosas con las manos y algunas veces diseña con los pies (cuando pasea
por Madrid pensando en cómo cambiar las cosas feas de la vida). Harpo Comunicación es donde está instalada su parte gráfica.

Una galaxia que implosiona

Allí, en los no-lugares en los que se gesta el siglo. Allí nace esta canción que es una galaxia que implosiona. Llegamos a la ciudad de golpe y nos topamos con una vida acelerada: lavanderías, supermercados, autopistas. Aviones que despegan. Bibliotecas que se esfuman. La soledad del que está rodeado de un montón de gente. Una canción distinta para un año distinto, tan nuevo que aún escuece un poco.

E.

It’s there, in those non-places where the century is brewing. It’s there where this song is born; this song that is an imploding galaxy. All of a sudden, we arrive to the city and bump into an accelerated life: laundry rooms, supermarkets, highways. Libraries that vanish. The loneliness of who is surrounded by a crowd. A different song for a different year, such a brand new year that it still stings a little.

E.

Non-places (Rubén Sánchez)

Diseño de canción:
Rubén Sánchez
http://zoonchez.com/


Anonimia circular

No es el vaivén de las olas ni la brisa que roza toallas y cuerpos solitarios aún sin broncear. Tampoco es el faro que vigila la escena. Esta segunda canción habla de todo lo cíclico que habita el mundo, de lo que se ve y de lo que no se ve. De los cientos de pares de ojos y de oídos que se esconden tras las pantallas, espiando lo que mejor sabemos hacer, aunque a veces no seamos conscientes de su valía.

E.

It’s not the swinging of the waves or the breeze that brushes towels and solitary bodies not yet tanned. Neither is the lighthouse that keeps an eye on the scene. This second track talks about all the cyclical things that inhabit the world, about what can be seen and what cannot be seen. About the hundred of pairs of eyes and ears that hide behind the screens, spying what we do best, even though sometimes we are not conscious of its worth.

E.

Diseño de canción:
Álex Pérez
Le gusta pedalear, comer con las manos y acariciar animales peludos. En el terreno artístico es más conocido por sus esculturas subacuáticas. Actualmente trabaja en una serie de arenques sobredimensionados que instalará en la bahía de Santander.


La diáspora de los valientes

Con la banda al completo, empezamos nuestro “largo camino” hacia los no-lugares. Así arranca la primera cara. Con el merecido homenaje a todos aquellos que, como en las películas de John Ford,  los libros de Steinbeck o las fotos de Dorothea Lange, saben que juntos (gracias al poder de sus manos) vencerán cualquier tipo de adversidad.

P.

With the whole band we begin our ‘long row’ to the non-places. This is how side A starts. With the well-deserved tribute to those that – as in John Ford’s movies, Steinbeck’s novels or Dorothea Lange’s pictures – know that together (thanks to the power of their hands) they will overcome any kind of setback.

P.

Diseño de canción:
Juan Antonio Partal
Fotógrafo y artista visual afincado en Madrid. En su trabajo se percibe su forma de interpretar y conjugar las nuevas tecnologías con las técnicas tradicionales de laboratorio. Su obra provoca a la imaginación y a las emociones, encontrando y mostrando lo onírico que subyace en lo terrenal.

La imagen representa la disyuntiva entre lo incierto y lo conocido, el futuro y el presente. El punto de partida de un largo camino por recorrer. J.A.P.

Los martes de Medelia

Qué lejos queda ya el verano. Los mosquitos, el calor. La ropa que casi no pesa.

Como muchos ya sabéis, hace unos meses grabamos nuestro primer disco, Non-places, y creemos que ha llegado el momento de enseñároslo a todos.

El disco se divide en dos caras, cada una con seis canciones: una, más urbana, más instrumentada (la cara A) que trata de reflejar la vida acelerada de este siglo de teléfonos inteligentes y redes sociales; y otra, más reposada, más acústica, más de cantar al oído (la cara B), que se pasea por montañas y bares de carretera hasta llegar a ese lugar donde nadie puede alcanzarnos. Esa es la historia. Así, a grandes rasgos.

Se nos ha ocurrido que, para que podáis acercaros a estas doce canciones como lo hemos hecho nosotros (con calma, con recelo, con cariño), vamos a subir una cada semana a nuestro bandcamp. Y, como no solo de música vive el hombre, acompañaremos cada canción con un diseño especial de un artista (amigos y amigas, además, en todos los casos). Nos hace mucha ilusión contar con esos doce pares de manos que han ilustrado/fotografiado/diseñado/inventado de nuevo nuestras canciones, y tenemos muchas ganas de que veáis sus creaciones.

La primera canción será Row to Hoe, y la estrenaremos el próximo martes 20 de diciembre para celebrar la llegada del invierno. Esperamos que os gusten los martes de Medelia y que nos ayudéis a compartirlos.

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Summer is long gone. The mosquitoes, the warm weather. Those clothes that weigh almost nothing.

As many of you already know, last summer we recorded our first LP Non-places and now we think it’s time to show it to you.

The record is divided in two sides, each of them featuring six songs: one is more urban and more instrumented –side A– and it tries to picture the rush life we live in this century full of smartphones and social networks; and the other one is more laid back, more acoustic, more likely to singing-in-the-ear –side B– and wanders along mountains and roadside cafes until we arrive to that place where no one can reach us. That’s the story. As an outline. No less, no more.

We thought we could upload one song a week to our bandcamp so you can approach these twelve songs like we have done: calmly, suspiciously, tenderly. And since man does not live on music alone, we are enclosing a special design by an artist (all of them being friends to us) to go with each song. We are extremely happy to have those twelve pairs of hands that have drawn/photographed/designed/reinvented our songs and we can’t wait for you to see their creations.

The first song will be Row to Hoe and we will release it next Tuesday 20th of December to celebrate the arrival of winter. We hope you will like Medelia’s Tuesdays and help us share them with the world.

Why not?

Da igual que sea después de un concierto, durante una entrevista o tomando un café con alguien conocido; hay una pregunta que, inocente o interesadamente, se repite una y otra vez: “¿Por qué cantáis en inglés?”. La reacción es siempre parecida –resoplido discreto con encogimiento de hombros incluido- y, últimamente, he contestado a la gallega en más de una ocasión: ¿Y por qué no? Pero el otro día escuché algo que, si soy sincero, me pareció terrible: “Qué pena, si cantaseis en castellano, entendería las letras… e iría más gente a vuestros conciertos”.

Es curioso. El otro día, uno de los temas de conversación del posconcierto de The New Raemon fue su sonado titular en un periódico gratuito (“Cantar en inglés me parece una farsa”) donde Ramón Rodríguez contestaba taxativamente: “No me creo a ningún grupo de aquí que cante en inglés”. Vaya. Y sigue: “Es un esfuerzo inútil, porque en España nadie va a entender lo que dices”.

Una farsa es una “pieza cómica, breve por lo común, y sin más objeto que hacer reír” y algo que pretende “aparentar o engañar”. Pienso en la mayoría de las canciones que he escrito y, podrán gustar o no, pero no veo el humor ni el engaño, la verdad.

No me siento ofendido (sí, aludido), pero me sorprenden este tipo de comentarios. Ayer me quedé dormido escuchando a The Tallest Man on Earth y jamás me había planteado que su música (que me encanta) pudiese ser una farsa.  Quizá porque es sueco y allí, como pasa en casi toda Europa, nadie se hace estas preguntas.

Aquí en España tampoco conozco muchos grupos pero, en lo que ahora llaman “escena indie”, veo a mucha gente que canta en inglés (Annie B. Sweet, Russian Red, Wild Honey, The Bright), a otros que intentan dar el cambio idiomático, pero no les funciona tan bien (Hola a todo el Mundo), a un montón que empezaron en inglés (Love of Lesbian, Sidonie, Deluxe, Dover) y otros que funcionaron íntegramente en un idioma (Sunday Drivers, Sexy Sadie) y luego han dado paso a otros proyectos en castellano.

Está claro que en este país del debate eterno, el tema del inglés con la música es muy recurrente. En mi caso, el hecho de que ahora escriba en inglés (mi primer proyecto fue en castellano) atiende a varias razones.

La primera, y más importante: me encanta la música anglosajona. De hecho, me planteé todo esto tras vivir un año en Tulsa (Oklahoma).  Hay gente cuyas raíces están en un puñado de tierra, en un par de fronteras o en un idioma. ¿Por qué las raíces o el lenguaje con el que te expreses tienen que ser del sitio en el que has nacido? Hay cerca de siete mil lenguas en el mundo. Ojalá supiese una docena de ellas, pero no tengo esa suerte. Conozco mi lengua materna, sé algo de inglés y, gracias a Elia (suya es la letra de Chanson d’hiver) he conseguido cantar una estrofa en francés.  ¿Escribir en otro idioma que no es el materno es una farsa? Me sorprende, y más viniendo de un músico catalán cuyo proyecto musical incluye palabras en inglés.

Samuel Beckett (irlandés) escribió En attendant Godot, una de las obras fundamentales del teatro contemporáneo, en francés. ¿Y Kundera? ¿Un checo escribiendo en francés? Pero volviendo a la música, los letristas que más admiro escriben en inglés. La forma de construir imágenes, el juego fónico de las vocales, el increíble uso del campo semántico, el arte de la brevedad… yo qué sé. Hay tantas cosas que me encantan de las letras en inglés que, por el hecho de haber nacido en un país en concreto, no entiendo por qué no puedo intentarlo yo también.  No hablo de Shakespeare, Henry James, Joyce o de la poesía de Whitman o T. S. Elliot, sino de algo quizá más popular como la generación de Carver, Salinger y compañía. Fante, Bukowski… ¿Aún seguimos pensando en el inglés como la asignatura rollo del colegio? En fin.

Por otro lado, escribir en inglés supone un reto, un esfuerzo. Es algo añadido. Contar una historia en otro lenguaje (el inglés) a través de otro lenguaje (la música). Así obtengo perspectiva sobre lo que estoy diciendo. La dualidad me parece un concepto fundamental en cualquier expresión artística. Me siento, de alguna forma, más libre. Consigo llegar a otros sitios, hacer otras conexiones… En castellano volvía una y otra vez a repetir recursos, me encontraba una y otra vez con las mismas imágenes, las rimas en castellano me aburren y me suenan antiguas y, lo más importante, la voz me resultaba demasiado familiar, demasiado conocida. En inglés, las palabras salen de otro sitio, el tono es distinto, el timbre parece de otra persona. Y más cuando entra en juego con la voz de Elia. Nuestras voces se encuentran mejor en inglés. O al menos, a nosotros nos gusta más el resultado.  Lo que no quita, claro está, que también cantemos alguna canción en castellano (Compás de espera) y, quién sabe, quizá en el futuro volvamos a intentarlo.

Hay mil razones por las que escribo en inglés, pero al final te das cuenta de que no es tan importante tu elección: lo importante es hacer algo que te guste y como te guste. Lo siento, me gusta la sonoridad que tiene el inglés y, sobre todo, es una forma de seguir aprendiendo otro idioma.

Además, viviendo en el mundo en el que vivimos, da cierta vergüenza pensar que en este país no sabemos ni hacemos el esfuerzo por entender otro idioma que no sea el nuestro.

Y respecto a lo de que “vendría más gente a los conciertos si cantaseis en castellano”, por suerte, es algo que no me importa mucho. Puede venir más o menos gente (todos los músicos queremos que lo hacemos llegue al mayor número de gente posible), pero está claro que eso no depende de nosotros. Que funcione o no un grupo, no tiene nada que ver con el idioma. En muchos casos, ni siquiera con la música que se haga. El éxito ecónomico o la popularidad musical, por suerte y por desgracia, siempre depende de terceros.

Pablo Medel