Missing pieces, filling voids

I can see how hard my band mates have been working over the past few weeks. I can hear it in the early mixes of the songs that they’ve just gotten and are listening to on the laptop. On the walk from the bus station, as we have dinner, on the walk to the apartment, before going to bed, we talk about the progress of the CD. This is a huge project and it’s finally my turn to add a bit. Like a player who’s been sitting the bench, an actor waiting in the wings, the bus rolls into town and my number’s up. They’ve called in reinforcements, fresh blood to record some missing pieces, hoping to fill a void.

9:00, sun’s shining and we head into the studio where it’s neither day nor night. Entering the studio you go through several sound proof doors, that transport you to another world much like Lucy entering Narnia. You no longer hear cars driving by or the hum of electrical appliances.  It’s simply silent. The studio has two rooms, one is where the musician plays and the other is where the technician is with the other band mates. The two rooms are separated by a large glass window that I am watched through as I play. It makes me feel as if I were a patient in a surgical observatory where wide-eyed residents observe my every move, every breath, every note.

The creative process is interesting.  A song may start as an idea when rehearsing, then transform into another one by playing concerts and another idea in the studio when you analyze everything with pinpoint perfection. Once you put the headphones on, you are alone in the recording studio with your instrument. You no longer have the feel of your band mates moving the song with looks and gestures or the crowd supporting you. In the recording studio it is you, the microphone and the need for faultlessness. It’s almost robotically mechanical.

But, after recording several tracks, Jose works quickly to choose the best takes and does some magic to make them fit perfectly. My simple lines were combined and turned into a symphony. “It’s too bad you can’t play three violins at the same time,” Pablo said. It would be a nice party trick. The work is pain-staking, but the end result is taking form. Note by note, line by line the tunes take shape. Soon the extra mortar will be scraped off the bricks that have been laid, to reveal the final product.

Heidi

Veo lo duro que mis compañeros han estado trabajando estas semanas. Lo oigo en las pre-mezclas de las canciones que acaban de recibir y las están escuchando en el portátil. Desde la estación de autobuses en el camino al pueblo, mientras cenamos, de camino al piso, antes de acostarnos, hablamos del progreso del disco. Este es un proyecto monumental y por fin me toca a mí aportar algo. Como un jugador de futbol que ha estado esperando en el banco, un actor esperando en la oscuridad entre bambalinas, el autobús llega al pueblo y es mi turno. Han llamado refuerzos, sangre nueva para grabar trozos que faltan, con la esperanza de llenar un vacío.

9:00, el sol brilla y entramos en el studio donde ni es día ni noche. Entrando el estudio pasas por muchas puertas aislantes que te transportan a otro mundo, como Lucy entrando en Narnia.

Ya no escuchas los sonidos de los coches en la carretera ni el zumbido de los electrodomésticos. Es simplemente silencioso. El estudio tiene dos habitaciones. Una es donde toca el músico y la otra es donde está el técnico y el resto de la banda. Separadas por una ventana grande, me miran cuando toco. Siento como si fuera una paciente en un observatorio quirúrgico donde residentes nerviosos te miran cada movimiento.

El proceso creativo es interesante.  Una canción empieza de una manera ensayando, luego se transforma al tocarla en directo y se cambia a otra idea grabando en el estudio cuando la escuchas con precisión. En cuanto pongas los cascos, estás sola en el estudio con el instrumento. Ya no tienes tus compañeras de banda moviendo la canción con gestos y miradas ni el público apoyándote. En el estudio estás tú, el micrófono y la necesidad para perfección sin faltas. Es casi robótico.

Pero, después de grabar varias pistas, Jose trabaja rápidamente para elegir las mejores pistas y las coloca con magia para encajar perfectamente con el tema. Mis líneas simples están combinadas y transformadas en una sinfonía.  “Es una pena que no puedes tocar tres violines a la vez,” dice Pablo. Sería buen truco. El trabajo es preciso y cansado, pero el resultado está cogiendo forma. Nota por nota, línea por línea las canciones se están haciendo. Pronto se quitará el cemento de los ladrillos puestos para dejar el producto final.

Heidi

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